jueves, 3 de mayo de 2012

Ideas convertidas en tinta digital.

Hooooooooooooooooooooooola! El capítulo 21 llegará pronto, pero os tengo que dar una noticia, my lovely followers.
Veréis, ya hacia tiempo que mi mente maquinaba una nueva historia, y hasta el domingo no me vinieron fuerzas para escribirla, porque yo soy así de VAGA ,  y he creado un nuevo blog: If time is all we have.
Me gustaría que os pasárais y que si os gusta, lo siguiérais, porque me hace muuuucha ilusión este proyecto.

Sin nada más que agradecéroslo todo, me despido con un gran abrazo ^^
Besis,


Paula*




P.D: el fin de semana subo el nuevo capítulo de "Amarte a rabiar"

martes, 3 de abril de 2012

Capítulo 20


Debía de haber estado llorando bastante rato, porque casi ya estaba vacía de lágrimas cuando Peter llegó a la azotea.
-¡Agathe!- Exclamó-¿Qué te ha pasado?- Y se acercó a mí.- ¿Te han hecho algo?- Preguntó.
Negué con la cabeza. Simplemente me dejé acariciar por el joven que estaba a mi lado.
-No llores. No pasa nada. Ya pasó-. Y en aquel momento, cuando pronunció las dos últimas palabras que siempre me decía Joe cuando yo lloraba en su pecho hizo que de mis ojos salieran más lágrimas aún, como un río-. Venga, Agathe, vayamos dentro-. Asentí.
-Lo siento, Peter. Soy muy mala persona. No debería...- Y no me dejó acabar, porque me interrumpió.
-No me pidas perdón por nada. Siempre estuviste perdonada. Siempre, Agathe. Además, la culpa es mía por no decirle a Evelyn desde el principio que no la quería. Soy un estúpido.
-Deja a Evelyn en paz. No me la recuerdes, te lo suplico-. Y entre eso, habíamos bajado a la puerta principal.
-Espera aquí, iré a por tu abrigo y le diré a tus padres que nos vamos andando. ¿O quieres que te vean con esos ojos hinchados?- Dijo.
Forcé una sonrisa.
-Ella te quiere.
-¿Quién?
-Evelyn. Evelyn Ford te quiere. Sus ojos se llenaban de brillo cuando te veía-. Contesté.
Él no dijo nada, nos limitamos a seguir andando el trecho que nos quedaba para llegar. Papá, mamá y los niños volverían mucho más tarde en coche.
Estaba muerta de sueño, por lo que al llegar a casa me metí en mi cama, y Peter me arropó.
-Buenas noches, Agathe-. Dijo dulcemente.
-Buenas noches, Peter.
La semana siguiente no me digné a ir a clase, pues mi ánimo estaba por los suelos. Papá no daba explicación a mi desgana. Mamá simplemente me preguntaba qué me pasaba, pero yo me negaba a contestarle. Los niños intentaban animarme montando espectáculos teatrales en el salón, teniendo a Peter y a mi de espectadores. Ellos lo hacían bastante bien, porque lograban que disiparan mi pena durante un rato.
Quizás fuera por mis diecisiete años y porque mis sentimientos estaban a flor de piel, pero no paraba de llorar en silencio. Tampoco paraba de darle vueltas a las duras palabras de Joe, pero las últimas que pronunció habían sido confusas. Debía devolverle su chaqueta, en aquellos momentos colgada en una percha en mi armario. Me levanté de la cama, aún con camisón, y abrí la blanca puerta por la que se accedía al armario. Me acerqué a la chaqueta y la olí. Su colonia era el causante de que mis sentidos se embobaran. Sentía a todo el Joe que conocía: inteligente, maduro, respetuoso y todo un galán.
Mis amigas me visitaban por las tardes, y me decían que Joe había dicho que si no iba a clase, que vendría él a por mí. Pero fui yo a devolverle a su casa el domingo.
La nieve estaba derretida completamente, aunque el cielo estaba gris, y las nubes se fundían las unas en las otras. Hacía frío. Yo estaba enfundada en mi abrigo marrón, pero había cuidado el más mínimo detalle en mi vestimenta. Me había puesto un vestido de lana, tricotado por mi madre, unos zapatos marrones a juego con mi abrigo y hasta me había puesto un poco de colorete. Él llevaba unos pantalones color crema y una chaqueta azul oscura por encima de su camisa con tirantes. Sus cabellos bailaban graciosamente con el aire cuando me abrió la puerta.
-Hola, Agathe-. Dijo seriamente.
-Hola, Joe-. Dije, bajando la cabeza.
Durante un par de minutos él y yo estuvimos observándonos en el porche, al frío invernal.
-Yo venía a traerte tu chaqueta-. Dije.
-Ah, no tenías por qué preocuparte. A partir de ahora voy a usar más el uniforme.- Esa última palabra caló en lo más fondo de mi ser-. Entremos. Mis padres ha ido a casa de mi tía Kitty.
Lo seguí. Nos sentamos en el sofá después de que él se ofreciera a quitarme el abrigo.
-¿Té?- Preguntó.
-Sí, muchas gracias-. Contesté.
-Vengo ahora.
Oía el ruido que hacía Joe buscando el té en la cocina. Yo observé el acogedor salón de la casa de los Sullivan. Quizás había un exceso de tapetes que la señora Sullivan había hecho, pero daba igual. Había un cuadro de un hombre mayor que pensé que era algún antepasado de Joe; una gran estantería llena de libros que el señor Sullivan cuidaba con mucho cariño, una mesa de café, una radio, dos sofás más aparte de en el que yo me había sentado, y una mesa redonda el la cual la señora Sullivan tenía fotos familiares. En la mesa de las fotos contemplé una foto de Harry, el hermano mayor de Joe. Era un joven no muy apuesto, totalmente distinto de Joe. En vez de tener los ojos azules como el mar caribe como Joe, Harry los tenía de color marrón oscuro, y su pelo era tan pelirrojo como su madre, no como Joe, que había heredado el pelo azabache de su padre.
-Harry no va al frente. Dicen en la universidad que tiene demasiado potencial para poner en peligro su vida. Estoy de acuerdo con ellos-. Comentó Joe mientras se sentaba de lado mía.
Me molestó que dijera eso de su hermano, porque me parecía injusto que Joe lo valorara más que a él mismo.
-¿Cómo puedes decir eso, Joe? ¿Acaso crees que tu no tienes potencial?-. Pregunté.
-Estoy destinado a luchar por Inglaterra, Agathe. ¿Qué quieres, que me quede aquí toda mi vida y que no vea más mundo que Nottinghamshire? Porque me niego a aceptar eso-. Contestó.
-Puedes ver todo el mundo que quieras, Joe. Y no estás destinado a servir a tu país. Si no fuera por tu obstinación con la patria, este otoño hubieras comenzado la universidad. Y si te vas, yo sí que pondría muy triste, porque ahora soy yo la que se niega a que pongas tu vida en juego.
-Volveré, Agathe. Iré a la universidad, lo prometo-. Dijo, mientras me miraba fijamente a los ojos.
-Esto no es un juego, como cualquier niño juega en la calle. Estamos en guerra, Joe, y la vida de todos los hombres que están defendiendo Gran Bretaña arriesgan sus vidas todos los días. Algunos se salvan, pero otros no viven para contarlo. ¿Quieres que este país se quede lleno de viudas de guerra?
-Yo quiero volver cuando esto acabe, pero necesito más que la monótona vida que East Leake ofrece.
-Vete. Pero no a la guerra. Puedes irte a vivir a Londres, y que te caiga una bomba encima, o que duermas con el temor a que por la noche destrocen tu casa y que no te despiertes por la mañana. ¿Quieres eso? Adrenalina nocturna. Y después sales de los refugios en las estaciones de metro y corres al Speakers' Corner y gritas lo que tu quieras-. Le dije.
-Agathe, no sabes lo duro que es dejarte aquí, de verdad-. Dijo con tono suplicante.
-Por mí no te preocupes, estaré muriéndome aquí, con el corazón hecho un puño, y la conciencia intranquila pensando en qué puedes estar haciendo en cada segundo del día, pero tú estarás pasándotelo genial derribando aviones en el cielo. Por lo menos pide que te manden a hacer las prácticas con el escuadrón de Ian. Aquí, cerca.
-Sé que voy a ver muchas penas en la batalla, pero debo ser fuerte.
-Sobre todo eso, Joe, no puedes permitir que el miedo te domine-. En aquellos momentos ya había comenzado a comprender que Joe me iba a dejar en aquel triste lugar.
-Escucha, lo siento por lo del otro día.
-Oh, lo siento yo más, no debí de darte un en la mejilla-. Y le acaricié donde días atrás le había dado.
-La culpa es mía, me puse celoso.
-Olvidémoslo, ¿sí?- Le dije cariñosamente.
Y me abrazó.
-Tengo miedo, Joe, mucho miedo-. Susurré a su oído.
-No lo tengas...
Y llegaron el señor y la señora Sullivan. Pero a Joe y a mí nos había dado tiempo de deslizarnos por la puerta trasera, y habíamos cruzado el jardín hasta llegar a la calle.
-Se está haciendo de noche, debería acompañarte a casa-. Dijo Joe.
-No hace falta, aún hay algo de luz-. Repuse yo.
-Venga, vamos, y así damos un paseo.
-Vale, gracias.
Habíamos caminado bastante cuando le pregunté:
-¿Y cuándo te vas?
-El viernes me voy a Londres. En el Ministerio de guerra nos destinan a todos. Supongo que el domingo estaré en la base de prácticas.
-Ah, yo te acompaño a la estación.
-Gracias.
-Dime una cosa. ¿Cómo se te dio por querer volar?- Pregunté, intrigada.
-Mi abuelo tenía un avión en su casa, y cuando era pequeño me llevaba en él-. Contó nostálgico.
-Me encantaría poder ir en un avión-. Dije.
-Te juro que te llevaré en uno, Agathe.
Y llegamos al portal de mi casa.
-¿Quieres entrar?
-Oh, no, está tu padre allí paseando entre las camelias-. Dijo. Era verdad que mi padre estaba ahí, no me había fijado.
-¡Joe!- Llamó mi padre.
-¿Qué quiere?- Pregunté discretamente mientras mi padre se acercaba.
-No lo sé-, masculló entre dientes para que mi padre no lo oyera-. ¿Sí, señor Perkins?
-Querido Joe, debo de hablar contigo. Pasa y vamos a mi despacho. Agathe, tenemos visita dentro.
Me quedé helada al ver quien era nuestra visita. La señora Jones. La madre de Amelie, George y Peter estaba sentada con sus hijos en el sofá, mientras ellos no paraban de abrazarla. Mi madre, que estaba con mi hermano en el otro sofá, cuando me vio me llamó y la señora Jones se acercó a junto mía.
-¡Agathe, qué grande y qué guapa estás!- Dijo llena de júbilo aquella hermosa señora, con los cabellos rubios recogidos en un precioso moño. Tenía las mismas facciones que sus hijos, y era realmente guapa.
-Muchas gracias, señora Jones.
-Mamá, Joe está hablando con papá en el despacho.
-Vale, querida. Dejemos a Margaret y a los niños hablar. Vamos, Lucas.
Y los dejamos en el salón, mientras que mamá, Lucas y yo fuimos a la cocina, donde Muriel preparaba la cena.
-¿Muriel, no te importa que se quede a cenar Joe? Como ya se queda Margaret...- Dijo mi madre dulcemente a Muriel.
-Oh, no, Laura. Tenemos suerte que aquí en East Leake no falta de nada y nos ayudamos los vecinos mutuamente, porque me pregunto yo cómo podíais vivir bien en Londres con los cupones...
-66 cupones al año, Muriel, aquello era tremendo-. Dijo mi madre.
-Agathe, pregúntales a Joe y a tu padre si les queda mucho-. Me dijo Muriel.
Llamé a la puerta del despacho, la abrí, y pregunté:
-Muriel quiere saber si vais a tardar mucho, para servir la cena-. Me dirigí a mi padre.
-Nos queda un rato, Agathe, dile a tu madre que llame a casa de Joe, que Elizabeth Sullivan se va a preocupar.
-Oh, señor Perkins, no hace falta que me inviten, me voy andando tranquilamente-. Dijo Joe.
-Sí que hace falta, y no se hable más-. Dijo mi padre-. Lo siento, Agathe, tienes que irte, que estamos hablando de una cosa muy importante-. Sentenció.
Y antes de que cerrara la puerta pude observar lo delicioso que estaba Joe con su camisa con tirantes, apoyado en la mesa.
Como el salón estaba ocupado, me dediqué a ayudar en la cocina, y, tras eso; me cambié de ropa y cambié a mi hermano.
Durante la cena, Margaret Jones nos contó tristemente cómo era la vida en el hospital, y que Thomas Jones, su marido, por suerte no había sido derribado. Dijo que en aquellos días estaba en una misión secreta de reconocimiento de los terrenos sometidos por el Eje.
Papá sorprendentemente cogió el coche y llevó a Joe a su casa. Los niños se fueron a dormir, mamá y la señora Jones quedaron en el salón charlando y Peter y yo nos dirigimos hacia nuestras habitaciones.
-¿Quieres hablar? Te noto triste-. Dijo Peter.
Y la verdad es que me había sumido en una profunda tristeza cuando Joe se fue con mi padre.
-Tú no te vas, por suerte-. Le dije tras entrar en mi habitación, pues él me había seguido.
-Si vengo aquí para refugiarme, lo lógico es que no me vaya.
-Ya, ¿e irás a la universidad en otoño?
-Eso espero.
-Entonces tú también te irás de todos modos.
-Vendré a visitar a mis hermanos, y sobre todo a ti.
-Sigo pensando que mi mundo se desmorona a pedazos enormes, y que no lo puedo evitar.
Y seguimos hablando hasta bien entrada la madrugada, cuando me quedé dormida.
La semana se pasó en un abrir y cerrar de ojos, aunque estuvo muy ocupada, porque Margaret Jones se quedó con nosotros. El lunes casi no me pude levantar del sueño, por culpa de mi tertulia con Peter. El miércoles fui a Nottingham, la gran ciudad del condado, a comprarle a Joe una pluma, una estilográfica y tres libretas por su cumpleaños.
Y finalmente, el viernes llegó. A las dos y media de la tarde me presenté en la estación con mi padre y Peter. Este último había querido ir con nosotros porque Steve también se iba con Joe, y quería despedirse de ambos.
Vi a Joe con sus padres, y a Steve con los suyos. Elizabeth Sullivan lloraba, y Joe la abrazaba. Me vio, y yo sonreí. Soltó a su madre y se acercó.
-¿Damos un pequeño paseo? El tren viene con retraso-. Dijo.
-Vamos-. Contesté mientras nos alejábamos-. Toma. Felicidades, Joe-. Y le entregué el paquete que tenía en mis manos.
-No hacía falta que me regalaras nada, me bastaba con que vinieras a despedirte-. Y abrió el regalo. Su rostro se iluminó.
-Para que me tengas al día de tus aventuras surcando el cielo.
-Gracias, Agathe. Por supuesto que te escribiré. Todos los días, por ti.
-Prométeme que no te olvidarás de mí. Y que te cuides mucho, porque no soportaría la idea de no volver a verte nunca más-. Y tras decir eso, unas lágrimas comenzaron a salir de mis ojos.
-Ey, no llores, por favor. Me duele mucho tener que dejarte-. Y me acercó a su pecho-. Te llamaré cuando llegue a la base, ¿vale?
-Sin falta, Joe.
-¿Puedo pedirte un último favor?- Y me arrimó a una columna, sin que nadie nos viera y puso sus manos en mis caderas.
-Mmm... Depende, Joe-. Dije, pícara.
Y me besó. Un beso robado de las comisuras de mis labios. Fue un beso largo, al que yo correspondí. Joe me estaba dando todo el amor que en aquellos momentos me podía dar. Sus labios eran dulces y carnosos, y nuestras lenguas se enredaban con el temor de que nuestros padres nos vieran, aunque estaban a unos cien metros de nosotros. Nos quedamos sin aire en los pulmones y nos separamos. Me miró a los ojos.
-Te he querido desde que apareciste en este pueblo. Desde que diste la primera pisada en el adoquinado.
Iba a contestarle pero el tren apareció en el andén. Corrimos a despedirnos de su familia. Peter estrechó fuertemente su mano con la de Joe. Igual lo hizo mi padre. Joe abrazó a sus padres y después, por último, me abrazó fuertemente y me dio un beso en la mejilla.
-No me olvides. Ni olvides que te quiero-. Susurré en su oído.
-Jamás-. Fue su última palabra antes de meterse en el tren.
Y el tren se fue, con él y Steve en su interior. Ambos se adentraban en lo desconocido, y yo me quedaba vacía, porque sin Joe, no era nadie.

______________________________________________________
 ¡Hola! ¿Qué tal vuestras maravillosas vacaciones?
Yo muy bien, porque aprobé todas las asignaturas y puedo ir a las atracciones que montan en Padrón por la Semana Santa. A ver si saco muchas fotos :D
Hablemos del capítulo. Como he estado en casa de mi abuela, y lógicamente no tiene Internet, no he podido subir el capítulo antes. Lo siento.
También siento que haya hecho que Joe se vaya, pero no os preocupéis, por favor.
Os voy a contar lo que es el Speakers' Corner. Es una zona cerca de Marble Arch, donde se puede decir lo que a uno de dé la gana. Es decir, que en plena Segunda Guerra Mundial, cuando Inglaterra tenía un odio BASTANTE considerable contra Alemania, cualquiera persona podría ovacionar a Alemania sin que lo mandaran a la cárcel. ¿Me entendéis?
Bueno, espero que os haya gustado el capítulo y que me perdonéis por la espera en la que os he tenido.
Un beso enorme,
Paula*

jueves, 15 de marzo de 2012

Lo siento, preciosas.

Holaaa!!!
¿Qué tal estáis?
Antes de nada, quiero pediros perdón por no haber actualizado, pero estoy llena de exámenes y me encuentro más estresada que otra cosa.
Estos últimos días también, mi corazón ha estado sufriendo bastante, y está echo un lío, y habréis podido comprobar por mis tweets y por las dos últimas entradas de mi blog "Coca-Cola y Mentos".
No tengo tiempo para escribir, es más, esta entrada la estoy escribiendo desde el móvil (sí, ya lo tengo nuevo y con tarifa planaaaaaaa^^) en la parada del autobús TT
El capítulo 20 será largo, en compensación por la espera en la que os tengo, y además van a pasar muchas cosas. Tengo un trocito escrito, y creo que el capítulo promete.
Nada más, espero que seáis comprensivas y me perdonéis, por favor.
Un beso,

Paula*

lunes, 20 de febrero de 2012

Capítulo 19

Molly me agarró del brazo mientras yo bailaba alegremente con Joe.
    -¿Qué pasa? Eres un poco tonta, Molly-. Le dije mientras que miraba con una cara de pena a mi pareja de baile. Él me miró compasivo y después me sonrió.
    -Lo siento, querida, pero tienes que ir a hablar con tus padres. Me han mandado el mensaje a mí-. Dijo.
    -Ah, bueno, perdóname Molly. ¿Dónde están?-. Me disculpé.
    -En la mesa que está más cerca de la mesa de refrigerios-. Contestó.
    -Te veo en un rato.
    Me dispuse a buscarlos por la infestada sala. Los vi a todos, los hermanos Jones incluidos con mis padres y mi hermanos. Pero aún había tres personas más alrededor de la mesa.
    Mamá me sonrió e hizo aspavientos con la mano. Ya la estaba viendo, no hacía falta que me hiciera gestos. Me senté en la mesa. Aparte de mi familia,  estaban una mujer y un hombre de la edad de mis padres, y una muchacha con un largo y rizado pelo rubio.
    -Mi querida niña,- dijo papá- estos son los Pompleson. Anna, Colin y su hija Bette.
    -Hola, encantada-. Les dije a cada uno. Bette parecía una buscona de grado diez. Se llevaría bien con la buscona local, Betty.
    -Hola, Agathe, estoy muy contenta de conocerte. Seguro que nos llevaremos bien-. Comenzó Bette con su voz de pito. “Segurísimo que sí”, pensé yo irónicamente.
    -Mamá, déjanos jugar con nuestros amigos, por favor-. Suplicó mi hermano a mamá. Tras esta protesta, surgieron a coro las de Amelie y George.
    -Vale, pero no rompáis nada-. Acabó por decir mi madre, y los tres le dieron un beso en la mejilla a modo de agradecimiento.
    -Ronald, ¿ha causado la guerra ya muchos estragos en East Leake?- Preguntó el señor Pompleson.
    -Han caído unas cuantas bombas, Colin, que se llevaron la vida de la familia del profesor del que ahora tú ocupas su lugar en la escuela, y mismo ha caído una bomba en las proximidades de la escuela. También cayeron otras, pero con menores estragos.
    -La guerra parece interminable. Hoy los alemanes han estado bombardeando Londres. A la luz del día, sin cortarse.
    -Eso he oído-. Contestó mi padre.
    -¿Cómo? ¿Otra vez?-. Pregunté impresionada.
    -Sí, cariño, sí-. Contestó papá-. Algún día veremos el fin de esta tormenta, algún día-. Prosiguió mi padre con calma.
    -Yo casi que me retiro, papá, he conocido a unas niñas muy amables. ¿Me dejas ir?-. Dijo Bette.
    -Claro que tu padre te deja, ve con cuidado-. Se adelantó la señora Pompleson.
    -Gracias, mami-. Dijo su hija en un tono completamente pasteloso.
    -Mis amigas aguardan por mi. Sigan charlando. Un placer haberles conocido-. Y me fui minutos después.

    Me encaminé a buscar a mis amigas, que seguro estaban ocupadas con algún musculoso aviador, por todo el gigantesco salón. Me subiría a una silla apartada de y desde allí las buscaría.
     Cuando había encontrado un lugar ideal, una voz masculina me habló de repente.
    -Si eres tan egocéntrica, es mejor que te subas a una silla en el medio de la sala, ¿ no crees?-. Dijo el joven, al que yo conocía.  Ian Perth.
    -¡Ian! Dios mío, qué casualidad. ¿Cómo has parado aquí?
    -Cosas que pasan, Agathe-. Y reímos. Él estaba enfundado en un maravilloso traje, aunque llevaba unos cuantos escudos de aviación.
    -Ven, voy a presentarte a mis amigas.
    Y se lo llevé a ellas, a las que por suerte había localizado.
    -¡Hola!-. Dijeron a coro.
    -Joe, Agathe se ha ligado a un aviador. Le van los hombres de verdad, no a los pseudohombre como tú-. Dijo la voz del tonto de Steve por detrás nuestra. Los chicos, excepto Peter, se habían unido a nosotros.
    -Cállate, Steve, que te rompo la cara-. Dijo Joe, amenazante.
    -Vale, vale-. Contestó.
    -Chicos, este es Ian Perth, lo conocí estas Navidades en casa de mis abuelos.
    Y se estrecharon todos la mano.
    -Bueno, chicos, nosotros os dejamos, para tomar un poco el aire, y eso-. Dijo Molly, y acto seguido nos cogió de los brazos a todas nosotras.
    -Caramba, Molly, podías esperar un poco, ¿no?-. Protestó Fiona, mientras nos sentábamos en unas sillas apartadas de todo el mundo.
    -No, quiero saber quién es la chica rubia-. Dijo, mientras la observaba.
    -Bette Pompleson. Hija del nuevo profesor de Lengua-. Me adelanté.
    -Me da mala espina, chicas. Muy mala espina-. Comentó, mientras mantenía sus ojos en ella, que estaba con Betty y sus secuaces.
    -Venga, volvamos con los chicos, que deben pensar que estamos conspirando contra ellos-. Dijo Tiffany.
    Las seguí, en silencio, pues entre el murmullo de la sala y la música de la orquesta me estaba comenzando a doler la cabeza.
    -Han bombardeado Malta. ¡Malta! No puede ser. Los alemanes serán capaces de hasta invadir Inglaterra. ¡Esperemos que no!-. Comentaba Herbert, otro de los amigos de Joe.
    -No quiero pensar precisamente en eso. Hoy han bombardeado otra vez Londres y probablemente sigan haciéndolo los alemanes a estas horas-. Concluyó Joe.
    -Quizás la RAF o la marina pueda dejar Malta sin rastro de alemanes-. Dijo Ian.
    -Quizá podríais callaros eso para otro momento, ¿no?-. Solté yo, metiéndome en la conversación.
    Peter. Me extrañaba que Peter no estuviera con ellos, pero no me atrevía a preguntar. Por suerte, Molly lo hizo por mí.
    -¿Dónde está Peter?
    -¡Dónde va a estar! Ligándo por ahí con la jovencitas. Hace un rato estuvo aquí unos minutos para decirnos que se llevaba a pasear Bette Pompleson. Que le parecía muy guapa y todas esas cosas-. Comentó Dean.
    -Ah, pues vale-. Dijo Lauren, con tono indiferente.
    -¡Míralo! Allí está Peter-. Dijo Steve.
    Efectivamente, Peter acababa de cavar su tumba, porque había entrado por la puerta de la mano de Bette. Era un indeseable maleducado. Estaba pálida, por lo que me escapé corriendo a la azotea, aunque hiciera un frío terrible.
    La noche era clara, la gente paseaba por la calle. Bonitas jóvenes abrigadas con chaquetones de pelo habían venido para hacerles una visita a sus amados pilotos. Sus risas amenizaban la noche invernal. Aún podía oír la música de la fiesta, dos pisos más abajo. No me podía creer que Peter tuviera tanto morro. Aún unas semanas antes había estado coqueteando con Evelyn Ford, y ahora con la nueva habitante del pueblo.
    -Agathe, vuelve al interior, que vas a congelarte-. Sonó la melodiosa voz de Joe al acercarse a mí.
    -No quiero-. Protesté.
    -Pues entonces me congelaré aquí, contigo-. Y me tendió su chaqueta del esmoquin.
    -No hace falta que me des nada. Toma, Joe-. Me negué a cogerla.
    -Qué testaruda eres, Agathe. Vas a congelarte.
    -Vale-. Al final acepté.
    -Sigo diciendo que deberías estar dentro.
    -¡Pero mira que eres pesado, Joe!
    -Tranquila, ya me callo. Pero por lo menos no deberías ponerte celosa cuando Peter entra de la mano con otra persona que no eres tú. No eres el centro del mundo, Agathe Perkins-. Aumentó el tono Joe.
    -¿Cómo? ¡¿Cómo te atreves a hablarme así, Joe Sullivan?!- Me enfadé.
    -No haces más que pensar en ti. Tú, tú y sólo tú. Al menos, si fueras algo más humilde te podrías preocupar más por otro tipo de cosas, en vez de estar todo el rato pensando en Peter y sus ligues-. Se llevó las manos a su cabello rizado-. Él ha dejado claro que lo tiene más que superado, Agathe-. Continuó.
    -¿Y, según tú, de qué me debería preocupar más, Joe?- Pregunté enfadada.
    -Sólo porque te creas superior al resto de la gente por ser de Londres y ser una futura duquesa, Agathe, deberías pensar un poco más en los sentimientos de otras personas- paró un momento, dudando-, como yo, por ejemplo.
    Esto me estaba superando. Me estaba diciendo que era una desconsiderada y que aún me gustaba Peter. Era mentira, sólo me molestaba que no supiera tener un criterio objetivo a la hora de elegir acompañante.
    -¿Tú? Sabes, Joe, pensé que tendrías una opinión distinta a la que la gente piensa sobre mí. Me conoces y sabes que no me creo superior a la gente. ¿Sabes por qué me molesta lo de Peter? Porque no sabe tener criterio. Sólo eso. Y quieres que piense más en la gente, por ejemplo tú. Te vas a ir Joe, y me duele mucho que te vayas, más de lo que tú piensas. Porque un avión te puede derribar en cualquier momento en la batalla. Porque me importas, Joe Sullivan-. Y ahora yo sí que me llevaba las manos a la cabeza.
    -Sabes, es mejor que me vaya a casa, porque en estos momentos no quiero seguir hablando, porque puede que diga cosas por las que quizá me arrepienta de haberlas dicho-. Sonó desesperado.
    Y se acercó a mí. Notaba su colonia. Alcé mi cabeza, porque él era muy alto. Suavemente, posó sus cálidos labios en mi mejilla. Yo, instintivamente, le aparté y le di una bofetada, porque él, tras haberme echado en cara tantas cosas, tenía la vergüenza de haberme dado un beso en la mejilla.
    -Buenas noches, Agathe-. Dijo, y se fue por la puerta de la azotea, dejándome allí con su chaqueta, sola, muerta de frío y llorando.
    Pude ver, unos minutos después, que él dejaba el ayuntamiento. Cruzó la plaza, con los pies arrastrándose por el pavimento, llenos de rabia. Observé su esbelta figura hasta que desapareció por la esquina de la calle. Me sentía la persona más horrible del mundo.
------------------------------------------------------------------------

Hola!! ¿Qué tal estáis? Yo muy bien. Hoy no tengo clase. Hasta el jueves no vuelvo al instituto por carnavales. Me disfracé de los Sims y la amargada de mi profesora de inglés nos puso un parte de apercibimiento a quien iba disfrazado. Sólo porque este año no hay actividades en el instituto en modo de protesta contra los recortes. Me parece muy mal. Mis padres están dispuestos a no firmarme el papel. Y mi madre montó en cólera cuando le expliqué porque me lo habian puesto. Está dispuesta a escribir una carta a mmi instituto. Qué cosas.
Ya acabé el libro de Rubí, me leí la segunda parte, "Zafiro", y ahora me voy a comprar la tercera, "Esmeralda".
Bueno, espero que os haya gustado el capítulo, y que comentéis mucho!!!
Un abrazo,
Paula*

domingo, 12 de febrero de 2012

Capítulo 18

    Los invitados pasaron unos días más alojados en la casa. Tener que estar siempre educada y cordial con todo el mundo me parecía aberrante. Yo, una muchacha solitaria e insolente de vez en cuando, estaba al límite de paciencia. Que si “¿Agathe, qué opinas sobre esto?”, “Agathe, ven a ayudarme”, “Agathe, ¿me estás escuchando?”... Y todas esas cosas tontas que la gente dice. Quería encerrarme en la biblioteca, pero siempre había alguien allí. Cambiaba de idea y decidía salir fuera, pero me acordaba que nevaba y hacía mucho frío.
    Y de 1940 me encontraba a primeros de enero de 1941.
    Aquella mañana de jueves, recibí la contestación de mis amigas.
    “Queridísima Agathe,
    Aquí estamos, en mi casa, contestándote. Nos alegró mucho tener noticias tuyas. ¿Qué tal lo estás pasando en Marlborough? ¿Es así, no? Es que es tan raro de escribir... Bueno, que Molly quiere saber si has arreglado lo tuyo con Peter. Y Lauren quiere saber qué tal el baile, y si había jóvenes guapos. Ella siempre así.
    ¿Y Evelyn? ¿Cómo es? Ten paciencia, no te alteres a la mínima, ¿vale?
    Ah, que Joe nos ha preguntado por ti. Te manda un abrazo de su parte. No le hemos contado gran cosa. Tiffany quiere que escriba que ya nos contarás cuando vuelvas. Las demás asienten.
    Agathe, esperamos que llegues pronto y que lo pases bien. Te queremos mucho y te echamos de menos.
    Fiona, Molly, Lauren y Tiffany.”

    Estas mis amigas siempre preocupándose por mi.
    Volvimos al pueblo. Dije adiós a todos, y le di un beso en la mejilla al señor Morris.
    East Leake seguía igual, lógico. Era mediodía cuando llegamos, como la primera vez.
    Llegué a casa y corrí hacia el pueblo, pues era sábado por la tarde y el museo de historia natural estaba abierto. Joe estaría esperándome.
    -¿No me dices hola?- Dije a sus espaldas, pues él estaba observando la vitrina de las mariposas.- Sabes, dicen que el simple aleteo de las alas de una mariposa puede cambiar el mundo.- Continué antes de que me contestara.
    -¡Agathe! ¿Qué tal estás?- Dijo, y acompañó esas palabras con una perfecta sonrisa.
    -Tenía ganas de volver, Joe. ¿Qué tal estás tú?- Dije, feliz.
    -No muy bien, si te digo la verdad. Mi hermano ha podido venir por Navidad a casa, pero ya ha vuelto al frente. Ojalá sea verdad lo que dices de las mariposas. No me gusta nada la guerra, pero cuando cumpla los dieciocho posiblemente me tenga que ir a combatir.
    Mi mundo se paró en ese momento. Sí, ya pensara en eso, pero nunca lo había escuchado salir de los labios de Joe.
    -No pienses en eso, por favor, Joe.- Le dije, suplicante.
    -Es la realidad, dentro de dos semanas cumpliré dieciocho años y el gobierno obliga  a todo el mundo mayor de edad a alistarse.
    -Y si te alistas, ¿en dónde?
    -Quiero ser piloto. Volar en un Spitfire y derribar a cientos de aviones del Eje.
    -No, Joe, no. A saber dónde te destinan para hacer las prácticas.
    -Agathe, no me deprimas, vamos.
    -Lo siento, Joe. Mi mundo se derrumba por culpa de la guerra y no quiero que te pase nada.
    -Venga, vamos a pasear.
    -Te recuerdo que aún no se ha acabado tu turno.
    -El señor Meyers lo entenderá.- Dijo, refiriéndose al encargado del museo, un hombre ya muy mayor y simpático.
    Nos reímos y salimos de aquel lugar de olor peculiar.
    -Y bueno, ¿qué tal te lo has pasado en casa de tus abuelos?- Dijo Joe después de avanzar calle abajo.
    -No lo he pasado ni bien ni mal, pero el malnacido de Peter y la estúpida de Evelyn me amargaron un poco mi estancia en Marlborough.- Contesté.
    -No les hagas caso. Peter no te merece, y Evelyn es tonta al creerse superior a la humanidad.- Él me animó.
    -Gracias, Joe. ¿Han llegado ya los pilotos en prácticas de la RAF?- Cambié de tema.
    -Sí, anteayer. Tus amigas están como locas por esos aviadores de pacotilla.- Dijo él.
    -No te metas con ellos. Algún día, cuando estén preparados, derribarán cientos de aviones enemigos. Además, si te alistas en la RAF, serás como ellos, un “aviador de pacotilla”-. E hice comillas en el aire.
    -Vale, ya me callo-. Se resignó.
    -Las chicas me enviaron una carta. Decía que me mandabas saludos.
    -Oh... Sí-. Contestó, tímido.
    -Tu padre es cartero, me podías mandar una misiva tú también-. Y le dí un pequeño empujón.
    -¡Eh!- Protestó.- Es que me daba pereza ponerme a escribir. Ya sabes que mi caligrafía no es muy legible, que digamos.
    -Bah, sí que entiendo tu letra.- Repliqué, y nos reímos.
    En la calle había gente paseando y banderitas colgadas de un lado a otro de la calle, se notaba un ambiente muy dicharachero.
    -¿Me estoy perdiendo alguna fiesta o algo parecido?- Pregunté, sorprendida.
    -¡Ah! Casi se me olvida contártelo.- Gritó Joe-. Que esta noche hay fiesta, con baile y todo. Es en la sala de fiestas del ayuntamiento.
    -¿Y a qué se debe la celebración?- Pregunté-. ¿A los pilotos?
    Joe asintió.
    -Exactamente, ponte guapa, que esta noche voy a bailar contigo-. Soltó él.
    -¿Y qué harás si no bailo contigo, y en vez de eso bailo con un “aviador de pacotilla”?- Dije en broma.
    Joe cambió de cara y se puso serio.
    -No pasaría nada, simplemente le dejaría sin dientes al desgraciado que ose bailar con una dama como tú-. Por un momento pareció que lo había dicho en serio, pero no pudo evitar reírse.
    -Ah, ¿sí?-. Pregunté en broma.
    -Sí-. Sentenció.
    Comenzamos a reírnos de una manera exagerada. Era hora de irme. Nos despedimos, y le prometí que aquella noche bailaría con él.


    -¡Mamá!- Grité al entrar por la puerta de casa.
    -Estoy en la cocina, Agathe.- Oí desde la lejanía. Fui a la cocina.
    -Esta noche hay un baile para celebrar la llegada de los pilotos en prácticas.- Dije, emocionada.
    -Sí, me acaba de llamar Bonnie.- La mujer del alcalde-. Está muy emocionada. Quiere que vayas y que bailes con Dean.
    Dean Evans era el hijo del alcalde, tenía mi edad e iba en mi clase. Era un muchacho agradable, algo tonto, pero agradable. Era amigo de Joe y Peter, y según decía la gente, estaba enamorado de Molly.
    -Mamá...- Refunfuñé-. Con Dean no me apetece bailar, es muy patoso. Que baile con Molly.
    -Como tú quieras-. Aclaró mi madre.
    -Muriel, ¿irán usted y su marido al baile?- Le dije a ella, que estaba limpiando las potas.
    -Oh, sí, Agathe, sabes que a Eliott le encantan las fiestas.- Me contestó, acompañada de una sonrisa.
    -¿Qué me pongo, mamá?- Me giré para hablarle.
    -Ponte el vestido beige, y te pones en la cintura el lazo rosa-. Dijo ella, que le encantaba verme vestida elegante.
    -Vale, mamá. ¿Dónde está el resto?-. Pregunté, curiosa.
    -En la sala de los juguetes. Dile a la pequeña Amelie que baje, que la voy a poner guapa.
    -Vale.
    Y subí las escaleras. Entré en la sala y papá habló.
    -Agathe, cariño, ven a mirar que maqueta tan bonita estamos haciendo.
    Estaban todos alrededor de la mesa de madera, donde estaban esparcidas todas las pequeñas piezas de madera.
    -¿Que es esta vez?- Pregunté.
    -Una maqueta de un barco de vapor del Misisipi.
    Notaba a Peter triste, que estaba en una esquina de la mesa, agarrando en su regazo a Amelie.
    -Qué bien-. Dije.- Amelie, bonita, mamá te llama para vestirte para asistir al baile esta noche - Me dirigí a ella, pero mis ojos se encontraron con los nostálgicos de Peter.
    -Vale, Agathe, ya voy.- Y me dio un beso en la mejilla. Después, se fue saltando.
    -Así que vamos ir al baile...- Comentó mi padre-. Bien, así podré conocer al nuevo profesor, el que sustituye al difunto señor Parker.
    -¿Ya han llegado?- Preguntó Peter a mi padre.
    -Sí, creo que hace unos días. Me han dicho que tiene una hija muy hermosa, tendrás la ocasión de conocerla esta noche, Peter.
    Miré a Peter. Se había puesto colorado.
    -Señor, creo que no hace falta que me presente a nadie. Hay más mozos que yo, y la competencia es muy alta-. Dijo Peter, y mi padre y él se echaron a reír.
    Abandoné la estancia sin decir nada. “Que le den”, pensé.
    Nos preparamos y bajamos al pueblo. Había un aura de celebración en el aire.
    Entramos en el salón de bailes del ayuntamiento. La orquesta tocaba ya alegremente y la gente bailaba animada.
    Había un gran número de jóvenes pilotos, guapos y apuestos en la sala. Las jóvenes se acercaban a ellos a presentarse.
    -¡Bienvenidos a todos!- Dijo el alcalde, que se había acercado a nosotros.
    -Muchas gracias por invitarnos, Josh-. Contestó mi padre, estrechándole la mano.
    Me escapé entre la multitud para reunirme con mis amigas, que estaban sentadas en unas sillas.
    -¡Agathe!- gritaron todas ellas.
    -Hola, chicas-. Les dije.
    Les puse al día de todo lo que me había pasado los días que estuve fuera del pueblo. Ellas me contaron que los pilotos eran muy simpáticos.
    Me presentaron a la gran mayoría de los pilotos. Eran jóvenes, pues apenas tenían dieciocho años. Hablamos un buen rato con ellos, y resultaron ser también muy agradables.
    Cuando mis amigas estaban bailando con los pilotos Austin, Bernard, Derek, Gary y Theo, yo me escaqueé y me dirigí a donde estaban Joe y sus amigos.
    -Dios mío, Agathe, estás guapísima. Estoy sin palabras-. Dijo Joe nada más verme.
    -No es para tanto-. Me sonrojé.
    -¡¿Que no es para tanto?! Por que eres tú, Agathe, que si no...- Comenzó a decir Steve, el mejor amigo de Peter, que era muy salido; pero que Dean lo interrumpió.
    -No sigas, Steve, que Joe se va a enfadar.
    Peter estaba allí, perdido en sus pensamientos.
    -¿Bailamos?- Dijo Joe.
    -Por supuesto.- Y le tendí mi mano, que estaba enfundada por unos largos guantes rosa palo.
    Él y yo bailamos muchas piezas de música, y nos reíamos cuando él se disculpaba porque me pisaba. Joe hacía lo que podía. Ambos sabíamos que el baile no era lo suyo.


-----------------------------------------------------
Hooooooola!!!!!!!!
¿Qué tal?
Yo bien. LA INSPIRACIÓN HA VUELTO!!
Sí, lo que oís. Este capítulo era para publicarlo el viernes a la noche. Ya me imagináis, en la sala, con el portátil, yo toda llena de inspiración... Y PUF! La inspiración se va de repente. Qué cabreo descomunal cogí. Para montar la Tercera Guerra Mundial.
Os cuento, he tenido una semana estresadísima, porque con los exámenes y tal... En fin, que saqué un 9 en Gallego. Una cosa muy rara en mí, pero no importa. He comenzado a leer cuatro libros. Ahí van:
- Fahrenheit 451, de Ray Bradbury. Este libro es uno de la lista de libro que mi padre quiere que lea. La de Lengua nos pone una lista de libros para elegir para leer en cada trimestre. Entonces, yo le digo el martes "Profe, tiénes la lista de libros para esta evaluación?", y ella me dice "El jueves os la doy". Y yo le
digo " Es que mi padre quiere que lea Fahrenheit 451 y lo compré el otro día, ¿puedo leerlo?, y ella me contesta que no, que es muy difícil. Hasta ahí bien. Pues resulta que el jueves abre en la pantalla digital que tenemos en todas las clases el Word de la lista de libros, ¿ y a qué no sabéis cuál era el primero de la lista? Fahrenheit 451. Esta mujer no es al cien por cien...
-Donde los árboles cantan, de Laura Gallego García.
-Rubí, de Kerstin Gier.
-Anxos en tempo de chuvia, de Miguel Vázquez Freire. Éste es el libro para leer este trimestre en clase de Gallego. No me está gustando naaaaaaada :(
Bueno, espero que os haya gustado el capítulo y que comentéis ahí abajo :D

Un abrazo gigante,

Paula*

lunes, 30 de enero de 2012

Una llamada de socorro a mis lectores

Hooooola a todo el mundo!!! Como ya habéis visto en el título, necesito vuestra maravillosa ayuda. "¿Y esta  pesada para qué nos necesita?", pensaréis.

Últimamente me encuentro como muy desanimada a la hora de escribir, es como si no tuviera ganas ni ideas. Supongo que es una crisis de escritora, que ya pasará. Este punto es lo de menos.

Al tema, mis amigos que me leen, dicen que la historia ya no tiene el interés que tenía al principio. ¿Es verdad? Me preocupa MUCHO este punto.

Peter. Sí, él. ¿Os gustaría que lo arreglara con Agathe? ¿O no?

El ritmo de la historia. ¿Os parece que va muy lento? Si queréis que la historia ocurra más rápido, y saltando espacios de tiempo en la historia, opinad.

Entonces, y es aquí donde necesito vuestra ayuda, me gustaría que me contaráis con TODA Y COMPLETA SINCERIDAD lo que opináis sobre la evolución de la história y en qué aspectos creéis que me debería  parar un poco más en relatar.

Muchas gracias a todos, espero que escribáis comentarios, aunque sean anónimos, me da igual, siempre que sean escritos con OBJECTIVIDAD y sin ánimo de ofender, por favor.

 Os lo agradezco mucho, muchísimo!!!!!!!!!!!!!!!

Un saludo,
Paula*

La escritora

domingo, 15 de enero de 2012

Capítulo 17

    Simplemente saludaba sin saber a quien, pues yo estaba otra vez perdida en mis pensamientos.
    Cenamos. Yo me senté entre mi abuela y mi padre, es decir, en el centro de la mesa. Mi abuelo, como era el anfitrión, estaba en el medio de aquella larguísima mesa. Maldecía tener que estar enfrente suya.
    -Agathe, échale un ojo a los jovencitos tan guapos que hoy nos acompañan a cenar.- Me susurró mi abuela mientras un comentario era hablado por todos lo mayores de la mesa.
    -¡Abuela! No me interesan esas cosas.- Le contesté, ya que me había quedado muy sorprendida ante aquel comentario.
    Ella sonrió y se integró a la conversación de los mayores.
    Tontamente, le hice caso. Mis ojos vieron el gran número de hermosos jóvenes que estaban en la estancia. Pues sí que eran guapos, pensé.
    Me encontré la vista con uno de ellos. Era un muchacho de tez blanca, con un pelo marrón muy oscuro y unos ojos azul Caribe. Me sonrió y yo me sonrojé, ya que era muy mono.
    Miré a mi plato otra vez y me centré en ingerir aquel trozo de ternera con guarnición
Aquello me aburría mucho, y sólo era el principio. De vez en cuando miraba hacia mis primas e intercambiábamos miradas de aburrimiento.
    Al acabar, todos se fueron al salón excepto yo, que subí a lavarme los dientes.
    Escuchaba la música de la orquesta en mi baño.
    Por el pasillo me acerqué al ventanal para observar la puesta del sol. Sonaba una canción alegre. Comencé a balancearme.
    -La esperan abajo, señorita.- Una voz me sobresaltó.
    -Jonathan, siempre aparece en los momentos en los que más perdida en mi mundo estoy.- Contesté y él me sonrió.
    -Ya ve. Todo el mundo lo dice. ¿No será mejor que baile abajo, no aquí, sola?
    -Tendré que hacerlo, porque si no, mi abuela se va a enfadar.
    -Páselo bien, señorita.- Me dijo.
    -No creo que lo haga, si te soy sincera.
    -No diga eso.
    -No me trate de usted.- Le dije.
    -No soy capaz.
    -Sí que lo eres. ¿Ves? Yo te hablo de tú. A ti te toca ahora.- Y le sonreí.
    -Si no... te... molesta.- Casi me vuelve a tratar de usted, pero fue capaz. No entendía porque ellos, el servicio, nos tenía que tratar de ese modo. Para mí todos éramos iguales.
    -Bien, Jonathan. Será mejor que me vaya.- Y reímos.
    -Intente pasarlo bien.- Y volvió a hablarme de usted, pero lo ignoré.
    Bajé y me integré disimuladamente a la fiesta. Todo el mundo bailaba y la atmósfera del gran salón estaba llena de jovialidad.
    -Mira que eres lenta, Agathe.- Dijo mi prima Athenea.
    -¿Algún problema?- Dije de broma.
    -Niguno. ¿Has visto la cantidad de chicos que hay?- Asentí.- Ya le he echado el ojo a unos cuantos.- Prosiguió.- Allison no se separa de Bill O'Connell. Míralos.- Y me señaló al chico tan guapo que me había sonreído durante la cena.
    -¿Y qué sabes de él?- Pregunté curiosa.
    -Es el hijo de Emerik O'Connel. Viven en Northumberland y han venido desde tan lejos porque la abuela de Bill es muy amiga de nuestra abuela. La madre de Bill es aquella mujer que está hablando con tu madre, y su padre está hablando con el abuelo en aquel grupo de hombres.
    -Qué bien enteradas estás, Athenea.- Dije, mostrando mi asombro.
    -Cosas de mi madre.
    -¿Has visto a Peter?
    -Precisamente viene hacia aquí. No mires.- Dijo ella.
    -Me voy.- Me apresuré a decir, y acto seguido me fui a paso rápido.
    No me di de cuenta, al andar tan rápido, que me choqué con alguien y me agarraron.
    -Una señorita debería disfrutar de la velada en vez de andar como una fugitiva, ¿no crees?- Una voz angelical me agarró del brazo.- ¿Estás bien? Soy Ian Perth.
    -Oh, sí estoy bien. Perdón. Soy muy patosa. Encantada de conocerte, Ian Perth. Soy Agathe Perkins.
    -Encantado yo, sería más. ¿Bailas?- Preguntó fugazmente.
    Miré hacia un lado y pude ver como la mirada de Peter estaba clavada en mí. Entonces no dudé ni un minuto en responder a la maravilla de joven que tenía enfrente mía.
    -Por supuesto.- Y le ofrecí mi mano.
    Comenzamos a bailar. Lo hacía muy bien y notaba sus firmes manos en mi espalda.
    -¿Y de dónde eres?- Pregunté, mientras bailábamos al son de la música.
    -Vivo en Taunton. ¿Y tú?
    -En East Leake, Nottinghamshire. Antes vivía en Londres, pero mi padre heredó de mi abuelo una casa allí. ¿Qué te trae por aquí?
    -Tu padre y el mío estudiaron juntos en la universidad.
    -Interesante.   
    Sus ojos marrones transmitían calidez. Era tan alto como Joe o más. Miré hacia un lado y volví a ver a Peter clavando la mirada en mí desde el lugar donde lo había hecho antes.
    -Dime una cosa, Agathe.
    -Dime.
    -¿Huyes de aquel muchacho que no para de mirarte?
    -No.- Mentí.
    -Vale. Porque si te hace daño le parto la cara.- Y nos reímos.
    La música cesó, y nos despedimos.
    -¿Podré volver a bailar contigo más tarde?
    -No lo dudes.- Contesté.
    Me reuní con mis primas, y ellas me interrogaron. Yo les contesté y me fui a por un poco de agua, que estaba en una gran mesa.
    Estaba cerca de una puerta que daba a un saloncillo, por lo que dejé la estancia llena de mármol para entrar y sentarme al lado de una reconfortante chimenea.
    -Agathe.
    -Peter, ¿qué demonios quieres?- Dije mientras él entraba en la estancia.
    -No puedo seguir así.
    -¿Así, cómo?
    -¿Porqué no me hablas?
    -Lo sabes perfectamente.
    -Yo no quiero a Evelyn.
    -No se nota.
    -Agathe, eres la persona más maravillosa que he conocido en toda mi vida. Si supieras lo mucho que te adoro y te quiero. Evelyn no significa nada para mí. Te juro que si no me perdonas el mundo se me caería encima. Perdóname.
    -Peter, si realmente me quisieras habrías luchado más por mí. Vuelve con tu Evelyn, porque creo que ella si te quiere. Estuve equivocada al pensar que pudo existir un nosotros, pero ahora ya lo tengo superado. Vete.
    -No.
    -Pues me voy yo.- Y tras eso, volví corriendo a mezclarme entre la multitud.
    Unas manos agarraron de las mías.
    -Soy Bill O'Connell. ¿Porqué andas como una fugitiva?- Y me mató con esos  ojazos azules.
    -Te sorprendería al saber que ya me han hecho esa pregunta esta misma noche. Agathe Perkins.- Y nos reímos.
    -Te veo triste.
    -No estoy triste.
    -Sí que lo estás. Alegra esa cara y diviértete. Ven, te presentaré a mis amigos.
    -Vale.- Dije, y le mostré una gran sonrisa
    El resto de la noche fue magnífica, sublime. Bill me presentó al resto de jóvenes, tanto chicas como chicos, y todos mis primos y primas se unieron a nuestra conversación.
    Volví a bailar con Ian, y disfruté más que la primera vez.
______________________________________________________________
No me matéis, por favor!!!!!!!
Holaa a tod@s!!!!
Lo siento mucho, muchísimo por no haber actualizado nada estas Navidades, ni por haberme pasado mucho por vuestros blogs, pero como mi inspiración decidió irse de vacaciones, actualizo a 15 de enero. Penoso, lo sé.
Auún por encima este capítulo es corto, que mierda. Pero mañana intentaré escribir algo más para a ver si a mediados de semana subo otro capítulo.
Muchas gracias a todas y a todos por vuestros comentarios!!! Os quiero mucho!!!
Un abrazo, muchos perdones, y os espero ahí abajo ↓

Paula*

P.S: he hecho un Twitter, @PaulaPoppies, si tenéis vosotras twitter me decís cual es y os sigo :D
P.P.S: tengo un blog para la clase de tecnología, y escribo pequeñitos textos. Pasaros y taal http://cocacolaymentos.blogspot.com

viernes, 23 de diciembre de 2011

Capítulo 16

Lunes por la tarde. Mamá me había obligado a ir a Marlborough con mi abuela y con Evelyn. Iba a regañadientes. Y aquel en aquel coche corríamos el peligro de resbalar por nieve que caía. Hacía mucho frío, pues aquella noche nevara.
Aguardé impacientemente, observando cómo mi abuela disfrutaba al darle instrucciones a la modista sobre el vestido. A Evelyn le encantaba.
-Jane, ponle un bordado en la cintura, con un lazo atrás.- Le decía mi abuela a la modista.
-Sí, señora Fellon, ¿le gusta esta?- Contestaba la personita débil que era Jane, aún así, cosía como los dioses.
Evelyn se limitaba a escuchar. Yo, apoyada de lado de la ventana, miraba la gente pasar por la calle. Quería salir fuera, aunque hacía un frío terrible.
-Abuela, ¿puedo ir a mirar un lazo para regalárselo a Amelie?
-Sí, que aquí no tienes nada que hacer. Nos vemos en una hora y media aquí.
-Hasta luego, abuela. Adiós, Jane.- Y me fui, matizando que no decía adiós a Evelyn. La verdad era que no hablara con Evelyn más, ni para decir hola.
Caminaba por aquella calle principal, llena de gente. Los dueños de las tiendas limpiaban la nieve de la acera que estaba enfrente de sus negocios.
El rumbo de mis pies se dirigía a cualquier lugar donde no hubiera aquel viento gélido. Compré una cinta de pelo rosa para Amelie. Paseé y decidí entrar en la panadería porque quería adquirir un magdalena. Al salir por la puerta choqué con alguien.
-Lo siento mucho, señorita.-Dijo el joven, mientras recogía mi gorro, que había caído al suelo. Nos miramos y nos reconocimos. Jonathan.-Hola señorita Agathe, ¿qué hace por aquí?- Y me devolvió el sombrero.
-Pues me entró la gana de comprarme una magdalena, Jonathan. Mi abuela y Evelyn están encargando un vestido.- Le contesté.
-Las magdalenas de aquí son deliciosas.- Agregó.
-¿Y qué te trae por aquí?- Pregunté al chico que tenía ante mis ojos.
-Hoy es mi mañana libre y decidí venir aquí al pueblo a comprar algún detalle con mis ahorros para mi familia.
-¿Vive su familia aquí, en Marlborough?
-No, señorita, viven en Southamton.- Dijo.
-Me gustaría ver el mar. Nunca lo he visto.- Le dije.
-Oh, no es gran cosa, el agua está congelada hasta en verano.- Me contestó, dándole poca relevancia a la inmensidad del océano.- ¿Sabe si va a venir mucha gente al baile?- Cambió de tema.
-Eso lo deberías saber tú, ¿no crees?- Le contesté.
-Sí, sí que lo sé, pero se lo preguntaba por si no lo sabía.
-Vendrán estúpidos nobles ingleses y mi familia. Tengo un par de primos que no los soporto.- Nos reímos.- ¿Cuántas personas estáis al servicio de mis abuelos?
-Somos dieciséis personas. Una persona sola no puede limpiar doscientas cincuenta estancias.
-¡¿Doscientas cincuenta?!- Dije asombrada.
-Sí, lo que oye.
Miré el reloj. Tenía que volver.
-Jonathan, tengo que regresar. Nos vemos en casa.
***
Los días pasaban lentamente, aunque estos últimos habían sido, en parte, estresantes. Todo el mundo preparaba el gran baile. Mis primos, tíos y demás familia habían llegado el día anterior. Yo no ofrecía ni la más mínima ayuda por mi parte. Me limitaba a sentarme en el salón del té, a la vera de la chimenea a leer, y también a darme largos baños con el fin de que no me encontraran y tuviera que bajar.
Peter se dedicaba a ayudar a mover muebles para despejar el gran salón principal para el baile.
Evelyn y Amelie ayudaban con las flores.
Mamá, papá y la abuela supervisaban, aunque a mi padre no le agradara la idea, ya que decía que se podían hacer cosas más productivas en vez de pasear de un lado a otro.
Mis primas y mis primos venían de vez en cuando a pasar un rato conmigo, para escabullirse de las tareas que mis tías les asignaban.
El abuelo se encerró en su despacho con sus maquetas, bajando a donde me encontraba para pasar un rato conmigo y con los desertores de mis primos.
En aquel momento, estaba sola en el salón. Me había cansado de sentarme allí durante cinco días seguidos. Bajé al salón. A escasas cinco horas para la cena, aquello era un caos. Venga gente para aquí cargada de la cubertería, venga gente con flores de brillantes colores. Divisé al señor Morris y me acerqué a él.
-¡Señor Morris!- Grité, porque había mucho ruido en aquel lugar.
-Dígame, señorita.
-¿Sabe dónde está mis padres?
-Los vi hace cinco minutos en la cocina.- Contestó.
-Muchas gracias.
-De nada. No se le ha visto en esta semana salvo para desayunar, comer y cenar.
-Dirá que soy una vaga, pero no me gustan estas cosas, señor Morris.
-No digo eso, señorita, para nada. Mire, allí están sus padres.
-Gracias otra vez. ¡Hasta luego!
Mis padres estaban con mis tíos y tías hablando y dando órdenes.
-Hola.- Me acerqué.
-Mira, la desaparecida.- Dijo alegremente mi tío Percival.
-Os he echado mucho de menos.- Dije dándole un beso a cada uno de ellos.
-Agathe, tengo que hablar contigo.- Habló mi madre.
Nos alejamos y comenzó a hablar.
-No he ido a la sala del té porque estábamos todos, menos tú, ocupados en alguna tarea, pero si hubiera ido me enfadaría bastante contigo. ¿Acaso no ves que todos hemos echo algo?
-Sí que lo veo, pero no tenía ganas de hacer nada. Ya expresé la semana pasada mis desaprobación sobre este encuentro social. Venga, id a buscarle el vestido a Evelyn, que seguro que está encantada.
-Te prohíbo que me hables así, Agathe. ¿Acaso te molesta que tu abuela mande hacer un vestido a Evelyn?- Dijo mi madre, seria.
-Pues sí, me molesta. Y mucho. ¿Quién es ella para que le hagan un vestido, que debería ser para mí?
-Es la huésped de tus abuelos, quieras o no. Además, tu abuela ha mandado hacerte otro.- Contestó mamá.
-Ya claro, que me lo voy a creer.- Dije, mostrando mi desconfianza.
-Creelo, pues está tu abuela en tu habitación con él.
Y me encaminé a mi habitación. Allí estaba mi abuela, sonriente, con una percha, en la que había un vestido.
-¿Qué es esto, abuela?- Dije asombrada.
-Tu vestido. ¿Acaso no te gusta?- Me contestó.
Observé con detenimiento el vestido. Era horrendo, la cosa más fea del mundo, de un color esmeralda chillón. Aunque la forma del vestido no me disgustaba nada.
-Abuela, ¿quién ha elegido esto?
-Le pedí a Evelyn que eligiera la tela, y yo elegí el diseño.
-Es la tela más horripilante del mundo, abuela. La hechura del vestido me encanta, se nota que la has elegido tú. Pero ese color es... asqueroso, con perdón.
-Agathe, no digas esas cosas, Evelyn lo ha elegido con mucho cariño para tí.- Dijo mi abuela. Pobre, ella no sabía nada.- Venga, te lo vas a poner para no hacerle ese feo a tu amiga.
-Abuela, no me hagas esto, por favor.- Supliqué.
-¿Y qué pretendes ponerte esta noche?- Dijo, más calmada, dispuesta a negociar.
-Traje un vestido de fiesta que me compró papá antes de dejar Londres.- Dije, mientras lo sacaba del armario.
-Vale, entonces ponte ese.
-Gracias abuela. Te quiero mucho.- Y le di un abrazo.
-De nada. Después ven a mi habitación, antes de la cena.- Contestó.
Me fui de la habitación. Bajé a contemplar lo hermoso que había quedado el salón principal. Era gigantesco. Flores por todos los lados, guirnaldas en las paredes, la orquesta en una esquina. Aquello parecía sacado de un cuento de princesas.
-Las guirnaldas las hemos hecho nosotras.- Dijo la voz de mi prima Elizabeth a mis espaldas. Me giré y las vi a todos ellos. Mis primas Mary, Elizabeth, Blanche, Rose, Athenea, Allison, Violet, Abigail y la pequeña Florence. Mis primos William, Jack, Michael, Nicholas, Alfred, Daniel y Robert estaban peleando, como siempre.
-Hola. Pues os han quedado hermosas, de verdad.- Dije sinceramente.
-Anda, Agathe, no mientas. Admite que lo han hecho fatal.- Dijo Michael, que como siempre era tan malo.
-Quisiera verte haciéndolas mejor que nosotras.- Dijo Allison.
-Cuando quieras, hermanita.- Le contestó Michael a su hermana. Allison y Michael eran los hijos de mi tío Percival y mi tía Josephine, y vivían en Plymouth.
-Agathe, ya sé contar hasta diez.- Dijo al acercarse la adorable Florence, que tan solo tenía cuatro años.
-Caramba, que chica mayor estás hecha.- Le contesté, y ella se rió, dejando mostrar eses hoyuelos tan encantadores.
-Chicas, vayámonos a vestir.- Dijo mi prima mayor, Blanche, que tenía veinte años.- Florence, cariño, ve con mamá, que está en la cocina.- Añadió.
-Aunque la mona se vista de seda, mona se queda.- Dijeron mis primos.
-Os daría un sopapo si no fuerais de la familia, desgraciados. Sois una panda de maleantes.- Le dijo Athenea.
-Déjalos, Athenea. No merece la pena.- Dijeron Abigail y Violet.
-Tenemos tres horas para cambiarnos. Vayamos a la habitación de Agathe, que es más amplia.
Y nos fuimos todas a mi habitación. Cada una llevó su vestido.
-¿Habéis visto a la niña que está de huésped de los abuelos?- Preguntó mi prima Rose.
-Sí, es simpática.- Contestaron mis primas.
-No diríais eso si supierais lo que me hizo.- Dije, y comencé a contárselo.
Narré toda la historia paso a paso, y cuando terminé, la primera que habló fue Mary.
-Dios, que mala es.
-Ya.- Contestaron el resto.
-¡Y eso que Peter es tan mono!- Comentó Abigail.
-Es muy difícil hacer como si no supiera nada delante de mis padres, los tíos y mis abuelos.- Dije.
Y volvimos a nuestra tarea de prepararnos. Blanche nos peinó, ya que se le daba muy bien. Acabamos de vestirnos, y cada una fuimos a pedirle algo de perfume a nuestras madres.
-¿Mamá, me prestas tu perfume?- Dije, mientras entraba en su habitación.
-Que guapa estás, cariño. Claro que te dejo echarte un poco de mi perfume.- Dijo dulcemente.
-Sí, Agathe, estás requetebién.- Dijo Amelie, que esta con mi madre.
-Gracias. Estás espectacular, mamá. Me encanta tu vestido, Amelie.
-Ven.- Dijo mi madre, refiriéndose a su tocador.
Cogió el frasco lentamente, y meticulosamente apretó el dosificador a ambos lados de mi cuello. Era una fragancia suave, floral, embriagadora a todos los sentidos. Perfecta.
-Señora Perkins, ¿me echa un poco de su perfume?- Preguntó Amelie.
-Claro.- Dijo mi madre mientras le echaba una pequeña gota, y después le dio un beso.
-Venga, cariño, tu abuela me ha dicho que vayáis tus primas y tú a su habitación. No le hagas esperar.- Y me dio un beso.
Amelie y yo fuimos antes al despacho de mi abuelo. Golpeé la puerta suavemente.
-Pasa.- Oí del otro lado de la madera.
-Hola abuelo. ¿Ya estás cambiado?- Pregunté.
-Agathe, estás muy guapa esta noche. Se nota que eres hija de tu madre, sois las dos muy bellas. Y tú, pequeñita Amelie, eres la más guapa de todas.- Ella se rió.- Sí, ya estoy cambiado. Dejé a tu abuela sola para que tenga más intimidad.
-Gracias, abuelo. ¿Qué hacías?
-Estaba colocando estos libros en la estantería que saqué esta tarde.
-Oye, abuelo, ¿cuántas personas van a venir esta noche?
-Unas cien personas sin contar a nuestra familia.- Mi cara mostraba asombro, por esa cifra tan alta.- Sí, cariño, cosas de tu abuela.- Se adelantó.
-Bueno, abuelo, me voy, que la abuela nos está esperando.
-¿A quién espera?
-A mis primas y a mí.
-¿Y a Evelyn no?
-No.- Sentencié.
-Dile a tu abuela que la estoy esperando para bajar, que en breve hay que recibir a los invitados.
-Vale.- Y le dí un beso en su mejilla, arrugada como una pasa.
-Adiós, señor Fellon.- Amelie repitió el mismo proceso que yo.
La habitación de mis abuelos estaba en el ala norte de la segunda planta. Pasillos y más pasillos. Encontré la puerta. La abrí. Mis primas ya estaban allí.
-Venga, Agathe, Amelie, que la abuela nos quiere dar algo.- Dijo impaciente mi prima Abigail.
La abuela abrió un cofre y nos dio un collar de perlas, un anillo y un par de pendientes a cada una. Eran realmente hermosos. Le dimos las gracias y nos fuimos.
Mis primas me pidieron que las acompañara a buscar a Florence y a mis primos, que estaban en sus habitaciones, en la primera planta.
Bajamos las escaleras, recogimos a la pequeña Florence, que estaba en la habitación de mi tía Caroline; y fuimos a buscar a mis primos, que estaban en la habitación de Alfred, con mi hermano, George, mi padre y mis tíos.
-Míralas que guapas. ¡Si al final tenemos que retirar lo dicho!- Dijo mi primo William.
-Sí.- Admitieron el resto de jóvenes.
-A saber lo que le habréis dicho.- Dijeron mis tíos.
-Papá, tío Percival, tío Henry, tío Collin, tío Ronald, nos llevamos a vuestros chicos.- Dijo Athenea a su padre.
-Os esperamos abajo.- Dijo mi padre.
-Vale.- Dijimos todos.
Caminamos por todo el castillo para perder tiempo, ya que aún faltaban unos tres cuartos de hora para la recepción de los invitados.
Nos chocamos con Evelyn. Ella intentó esquivarnos pero Violet la paró.
-¡Hola! Que collar tan bonito. ¿Es tuyo?- Dijo ella falsamente.
-Pues no, es de vuestra abuela, que me tiene mucho aprecio y me lo ha dado.- Contestó, regocijándose ante nosotras.- Oye, Agathe, ¿no has visto el vestido?- Se dirigió a mí.
-Sí.- Contesté fríamente.
-¿Y no te ha gustado?- Dijo falsamente.
-Uy sí, pero creo que el color va más acorde con tu pelo naranja asqueroso. ¿O no?- Le contesté.
-Mujer, no te pongas así. Yo lo hice para que la gente se fijara en ti.- Dijo ella, acompañada de una risa más falsa que una moneda de tres céntimos.
-A mí no me hace falta destacar con un vestido, ya lo hago por mí misma.- Le solté.
-¡Serás falsa!
-¡Serás roba novios!
-Perdona, pero mi Peter no es tuyo.
-Ni tuyo. No veo que lleve un cartel que ponga: “pertenezco esa cosa, que no tiene ni estatus de persona, que le llaman Evelyn”.- Contesté.
-Eres una persona muy rastrera, Agathe Perkins. No me extraña que nadie te quiera.
-¿Sabes, Evelyn?, creo que ya me he rebajado bastante a tu nivel, y no pienso hacerlo más. Ponte al sol a ver si maduras.- Sentencié.
Mis primos estaban allí inmóviles, sin decir ni mu. Comencé a andar, y ellos tras de mí.
-No me digáis nada, por favor.- Les dije.
Bajamos todos, nos pusimos en posición, y comenzaron a llegar los invitados.
------------------------------------------------
Holaaaa! ¿Qué tal lleváis las vacaciones? Yo muy bien :D
¡Espero que estéis preparadas para los regaliiiiitos! Mis papis ya me ha adelantado algunos regalos jajajajaja. Mi papá una pluma hermosa, y escribe genial. Mamá ropa, como siempre ;)
Bueno, me he demorado un poco en subir este capítulo porque me he pasado estes dos días en casa de mi abuela, y casi me da algo cuando me he acordado que no había internet allí. Yo le digo que compre un módem USB y así ya está, pero ella dice que no.
Y ahora... ¡Las notas! Las mías muy bien, aunque el de física me puso un 6. Estoy planteándome tirarlo por las escaleras (puajajajajaja esta mente mía tan perversa)...
Espero que os haya gustado mucho el capítulo, porque ha costado lo suyo. Sí, el encaramiento de Agathe a Evelyn no está muy trabajado, pero algo es algo :D

Un beso a tod@s,
Paula*

¡¡¡Feliz navidad!!!